17ª Conversaciones de Bioética: “De la gestación subrogada a la ectogénesis”.
Una reflexión desde la Bioética sobre cómo estas prácticas desafían la dignidad ontológica del ser humano desde su concepción hasta su muerte natural.
El pasado 4 de diciembre de 2025, la Cátedra Internacional de Bioética Jérôme Lejeune celebró en Madrid la 17ª edición de sus Conversaciones de Bioética, un espacio de diálogo que se convoca dos veces al año con un objetivo claro: pensar, con rigor y profundidad, los grandes desafíos éticos que plantea la ciencia contemporánea cuando entra en contacto directo con la vida humana.
Bajo el título “De la gestación subrogada a la ectogénesis”, la sesión propuso una reflexión ética sobre cómo determinadas prácticas vinculadas a la reproducción humana asistida están deformando la comprensión del origen de la vida, de la naturaleza de la maternidad y la filiación y, en último término, de la dignidad ontológica de todo ser humano desde su concepción hasta su muerte natural.
La conversación fue moderada por Juan José Retuerta Vilariño, farmacéutico interno residente en Bioquímica Clínica en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón y máster en Bioética por la Universidad Francisco de Vitoria y la propia Cátedra. En sus palabras de bienvenida, recordó la misión que inspira estas Conversaciones: investigar, cuidar y defender la vida humana, especialmente la más vulnerable, siguiendo el legado del profesor Jérôme Lejeune, médico y genetista que nunca separó el progreso científico de la defensa incondicional de la persona.
Desde ese marco, el moderador situó el debate en un dato significativo: los nacimientos mediante técnicas de reproducción asistida en España ya representan el 12% del total[1]. Una cifra que muestra hasta qué punto estas prácticas forman ya parte de nuestro paisaje sanitario y cultural, y que hace aún más urgente una reflexión ética que no se limite a reaccionar, sino que sea capaz de anticiparse.
Para ello, la Cátedra contó con dos voces de referencia, complementarias en su enfoque y profundidad. Por un lado, la profesora Sagrario Crespo Garrido, doctora en Humanidades y Ciencias Sociales y profesora de Bioética y Deontología en la Universidad Francisco de Vitoria, quien aportó una mirada antropológica y ética sobre la maternidad, el cuerpo y el vínculo materno-filial. Por otro, el profesor Nicolás Jouve de la Barreda, catedrático emérito de Genética de la Universidad de Alcalá y doctor en Biología, que ofreció el necesario anclaje científico para comprender qué es técnicamente posible, qué no lo es, y por qué esa distinción resulta crucial para el discernimiento bioético.
A lo largo del coloquio se abordaron dos fenómenos estrechamente relacionados. En primer lugar, la gestación subrogada, entendida no solo como una técnica reproductiva, sino como una práctica que introduce una lógica contractual en el origen de la vida humana. Se subrayó cómo esta práctica requiere necesariamente fecundación in vitro y cómo, al “subrogar” la gestación, se produce un desplazamiento de derechos hacia los llamados comitentes, con el consiguiente riesgo de instrumentalización tanto de la mujer gestante como del niño, reducido a objeto de un acuerdo. La pregunta por el consentimiento —especialmente cuando median desigualdades económicas o presiones sociales— atravesó buena parte de la reflexión.
El segundo eje fue la ectogénesis, presentada como un escenario aún más radical. La posibilidad de gestar una vida humana fuera del cuerpo materno, en un dispositivo técnico controlado, evoca inevitablemente imaginarios culturales como Un mundo feliz de Aldous Huxley. Durante la sesión se distinguió entre una ectogénesis parcial, relacionada con tecnologías neonatales para la prematuridad extrema, y una ectogénesis total, que plantea la separación completa de la gestación, con el cuerpo materno y y los vínculos familiares, desde el inicio mismo de la vida. Esta última fue señalada como uno de los horizontes más preocupantes de ciertos proyectos transhumanistas contemporáneos.
Como detonante de la reflexión, se proyectó el vídeo de ficción “Ectolife”, que presenta de forma propagandística un supuesto sistema de úteros artificiales gestionados por inteligencia artificial. Lejos de asumirlo como una realidad inmediata, el vídeo sirvió para evidenciar algo más profundo: cómo el lenguaje del progreso, la eficiencia o la solución técnica a problemas sociales —como la despoblación o la infertilidad— puede ocultar preguntas decisivas sobre qué significa ser concebido y nacer y en qué condiciones.
En este punto, el diálogo se enriqueció con aportaciones científicas concretas: la dependencia del desarrollo humano del entorno materno, la importancia del líquido amniótico, de los metabolitos y hormonas maternos, de la microbiota placentaria o de los denómenos de microquimerismos. Elementos que muestran que el desarrollo humano no es un proceso aislado ni puramente técnico, sino profundamente relacional. Privar al nasciturus de ese entorno no es un detalle menor, sino una alteración sustancial de su experiencia originaria.
El coloquio con los asistentes puso de manifiesto la profundidad del debate. Surgieron preguntas incisivas: ¿dónde quedan la dignidad del hijo y la libertad de la madre gestante cuando los padres comitentes deciden romper el contrato y exigir el aborto del niño que se está gestando?, ¿qué consecuencias morales derivan de entender al hijo como un producto buscado mediante contrato y no como un don?, ¿hay diferencia ética real entre “vender un niño” y la lógica mercantilista subyacente de la subrogación?, ¿cómo puede una sociedad convivir con la normalización simultánea del aborto y de estas prácticas reproductivas?
Las intervenciones reflejaron una inquietud compartida: la sensación de que nos encontramos ante una fractura cultural profunda, en la que el avance técnico corre el riesgo de dominar el significado de la vida humana que pretende servir.
En este contexto, la Bioética aparece no como una disciplina reactiva o meramente normativa, sino como una disciplina de vanguardia, llamada a leer los signos del tiempo, a anticipar escenarios y a ofrecer criterios de ciencia, de derecho y de conciencia moral, antes de que determinadas prácticas queden blindadas por la costumbre o por la ley. No todo lo técnicamente posible es, por ello, éticamente aceptable.
El encuentro concluyó recordando una idea central del profesor Jérôme Lejeune: “cuando la medicina pierde el respeto por la vida humana, deja de ser verdaderamente medicina”. Una afirmación que, lejos de cerrar el debate, lo deja abierto como tarea intelectual, cultural y moral.
[1] Informe Registro Nacional de Actividad 2022-Registro SEF, del Ministerio de Sanidad y la Sociedad Española de Fertilidad (SEF).
La grabación completa de esta 17ª Conversaciones de Bioética está disponible en el canal de YouTube de la Fundación Jérôme Lejeune.

